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Cuando llega la IA a tu empresa: una mirada sistémica para navegar un cambio que lo transforma todo

  • Jordi Vinadé Sais
  • 7 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
Cuando la IA entra empresa

La mayoría de organizaciones están empezando a explorar cómo incorporar la Inteligencia Artificial (IA) a sus procesos. Hay entusiasmo, inquietud, curiosidad y también miedo. Y todo ello es normal. La IA no es solo una nueva tecnología: es un cambio sistémico, porque impacta en roles, identidades, formas de trabajar y expectativas sobre el futuro.


Muchas empresas intentan gestionar este momento como si fuera un proyecto tecnológico. Pero la verdad es que la parte más compleja —y también la más interesante— no es la tecnología, sino cómo el sistema humano (personas, equipos, vínculos, formas de decidir, cultura) integra esta nueva pieza.


En este artículo proponemos una mirada sistémica para entender qué pasa dentro de una organización cuando la IA entra en escena y cómo se puede acompañar el cambio sin forzarlo ni generar resistencias innecesarias.


1. La mirada sistémica: la IA no entra en una empresa, entra en un sistema


Cuando una empresa incorpora IA, no está instalando un simple software.

Está introduciendo un nuevo elemento en un sistema complejo, y eso modifica:

  • las relaciones,

  • las expectativas,

  • los roles,

  • los flujos de decisión,

  • las identidades profesionales.


Cualquier sistema —humano, familiar u organizativo— tiende a preservar el equilibrio que conoce. Por lo tanto, el cambio no depende solo de qué implementamos, sino de cómo esto afecta al sentido que las personas atribuyen a su lugar, valor y contribución.

La pregunta clave no es solo “¿Qué puede hacer la IA?”, sino:“¿Qué le pasará al conjunto cuando entre?”


2. Roles y funciones: lo que hacemos… y lo que tememos perder


En un contexto de IA, muchos roles técnicos, administrativos o analíticos cambiarán. Pero más relevante que el rol es la función que ese rol cumplía en el sistema.


Por ejemplo:

  • Una persona que siempre ha aportado valor por su conocimiento técnico puede sentir que la IA la está sustituyendo.

  • Alguien que era referente en resolución de incidencias puede perder su “lugar simbólico” si ahora la automatización lo hace más rápido.

  • Perfiles creativos pueden cuestionar si su originalidad seguirá siendo diferencial.


Bajo la superficie, el sistema no está protegiendo tareas: está protegiendo identidades, vínculos y lugares simbólicos.


Y este es uno de los principales motores de las resistencias.


3. Funciones emergentes: cómo habla la organización ante el impacto de la IA


Cuando un sistema vive un cambio profundo, aparecen funciones emergentes: dinámicas que nadie decide pero que expresan lo que el conjunto intenta regular.


En un proceso de adopción de IA, es habitual ver:

  • La cuestionadora: “¿Esto es seguro? ¿Nos podemos fiar?”

  • El portavoz informal del malestar: “No nos están diciendo toda la verdad.”

  • La persona desconectada: “A mí esto no me afecta, yo seguiré como siempre.”

  • La activadora: “¡Tenemos que ir más rápido o nos quedaremos atrás!”

  • El humorista: “Al final la IA nos quitará el trabajo, jejeje.” (y no tan jeje).


Estas funciones no son un defecto ni un problema. Son señales. El sistema está expresando:

“Necesidad de seguridad, sentido y un espacio para comprender este nuevo elemento.”

Si se escucha la función en lugar de etiquetar a la persona, la transformación se acelera.


4. ¿Por qué hay resistencias? Porque la IA toca capas profundas


Cuando una organización incorpora IA, lo hace para mejorar procesos, optimizar costes o ampliar capacidad. Pero la resistencia no viene de eso. Viene de lo que el sistema intenta preservar:

  • Lealtad al pasado: “Siempre lo hemos hecho así.”

  • Protección de la identidad: “Si la IA lo hace mejor, ¿quién soy yo ahora?”

  • Preservación de vínculos: “Trabajar con personas era lo que daba sentido a mi trabajo.”

  • Miedo a la incompetencia: “¿Y si no soy capaz de adaptarme?”

  • Miedo a la invisibilidad: “¿Con la IA seré prescindible?”


La IA implica cambio tecnológico, pero la resistencia implica cambio existencial.Un error habitual es intentar convencer.Un acierto habitual es intentar comprender.


5. Microcambios para integrar la IA: pequeños movimientos que transforman sistemas


La transformación digital no se consigue con un gran plan estratégico:se consigue con microcambios continuados.


Algunos ejemplos:

- Cambiar quién lidera la primera prueba pilotoPermite redistribuir funciones y legitimar perfiles que antes no tenían visibilidad.

- Crear espacios de demostración sin evaluaciónDonde la gente pueda probar la IA sin miedo a quedar expuesta.

- Introducir preguntas que abren posibilidadesComo:

  • “¿Qué parte de tu trabajo te gustaría que la IA te descargara?”

  • “¿Qué parte quieres seguir haciendo tú y por qué?”

-Valorar tanto el conocimiento técnico como el criterio humanoPara que el sistema entienda que la IA suma, no reemplaza.


Un microcambio es una acción pequeña que el sistema puede tolerar sin sentirse amenazado.Y, precisamente por eso, genera movimiento real.


6. Comunicación y dobles vínculos: el verdadero campo de batalla del cambio

Si una organización dice:

  • “La IA es una oportunidad para todos”…pero internamente recorta perfiles o automatiza sin criterio,o dice:

  • “Podéis opinar”…pero se penalizan las dudas y los ritmos personales,

se generan dobles vínculos: mensajes contradictorios que bloquean cualquier evolución.


La coherencia comunicativa es el pilar de la confianza.La IA no genera miedo: la incoherencia, sí.


Conclusión: la tecnología quizá es nueva, pero el reto es antiguo

La IA es poderosa. Pero la capacidad de una organización para adaptarse depende de cosas mucho más humanas:

  • cómo se distribuyen las funciones,

  • cómo se reconocen las resistencias,

  • cómo se legitiman las emociones,

  • cómo se acompaña la incertidumbre,

  • cómo se escucha lo que el sistema intenta preservar.


La IA puede transformar procesos.Pero solo las personas pueden transformar la organización.


Cuando dejamos de ver la IA como una amenaza y empezamos a verla como una nueva pieza dentro de un sistema vivo, el cambio deja de ser un miedo y se convierte en una posibilidad.

2 comentarios


Ana Edarmas
Ana Edarmas
17 dic 2025

Muy interesante el enfoque sistémico que plantea el artículo, porque muchas empresas subestiman el impacto cultural de la IA. No se trata solo de tecnología, sino de cómo se reorganizan procesos y decisiones, algo que recuerda a modelos digitales como puntowin, donde la adaptación constante es clave. Incluso sectores online como puntowin-paraguayonline.com muestran cómo integrar innovación sin perder coherencia estratégica ni visión a largo plazo.


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justin baiber
justin baiber
10 dic 2025

sdfsd

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